
En un oasis lejano del desierto se encontraba el viejo Balcuh escarbando en la arena al lado de unas palmeras.
Paseaba por allí su vecino Khaled, un acaudalado mercader que caminaba con su camello hacia el poblado vecino. Cuando vio a Balcuh le preguntó:
- ¿Qué estas haciendo?
- Siembro dátiles – contesto el anciano.
- ¡Dátiles! – grito con sorpresa, cerrando los ojos como quien escucha a alguien que ha perdido la cabeza.
- Déjalo y vayamos a beber algo.
- No – replicó con seguridad – tengo que acabar mi trabajo.
- ¿Cuantos años tienes Balcuh? – Le preguntó a continuación.
- Al finalizar el año cumpliré 80.
- Bien, las datileras tardan más de 50 años en crecer y sólo cuando se convierten en palmeras adultas están en condiciones de dar sus frutos.
- Ojala vivieras hasta los 150 años pero…
- Mira Khaled, yo he comido los dátiles que antes sembró otro, otro que nunca soñó con comer los dátiles que sembraba. Siembro hoy para que alguien pueda comer mañana y aunque sólo fuera como homenaje a aquel desconocido debo continuar mi tarea.
- Me has dado una gran lección Balcuh, déjame que te pague con estas monedas tu enseñanza.
- Es curioso – dijo Balcuh – a veces ocurre, me decías que no iba a recoger lo que sembraba y sin concluir todavía ya he cosechado una bolsa de monedas.
(Adaptado de un cuento Sefardí de Leo Rothen’s Jewish Treasury – Jorge Bucay)
La empresa debe convertirse en un agente fundamental de desarrollo en las comunidades donde se encuentra, no solamente como generadora de empleo y riqueza, sino como un elemento que aporta otros valores al entorno que le rodea: Medioambientales, culturales, humanitarios…
Y esta actitud debe ser adoptada no sólo por cuestiones filantrópicas sino como un elemento estratégico pleno de innumerables ventajas competitivas. Cada vez es más rentable, desde el punto de vista del mercado, ser considerado socialmente comprometido. La imagen social que trasmite la empresa, se integra en los beneficios que trasmite el producto, aportando un mayor valor añadido al consumidor.
La responsabilidad social corporativa (RSC), puede definirse como la contribución activa y voluntaria al desarrollo social, cultural, económico y ambiental por parte de las empresas al entorno que les rodea. Con el objetivo de mejorar su situación competitiva en el mercado
Hablamos de un enfoque estratégico que se fundamenta en un profundo respeto por la ética, las personas, las comunidades y el territorio en el que se encuentran. Aportando iniciativas y recursos que contribuyan a su crecimiento.
Multitud de estudios determinan que la RSC incrementa el valor de la empresa, si se gestiona de la forma adecuada, por lo que muchas empresas han pasado de la realización de acciones puntuales de este tipo a integrar
Hablo, en consecuencia, de un elemento indispensable; ya que tanto los consumidores como los grupos de interés que rodean el negocio (empleados, sindicatos, medios de comunicación, instituciones y demás stakeholders.) desean entablar relaciones con empresas que estén comprometidas socialmente, donde lo ético juegue un papel fundamental.
La aplicación coherente de la RSC se sumerge profundamente en los cimientos y estructura de la empresa, afectando al “espíritu” de
Existen, bajo mi punto de vista, tres claves fundamentales a la hora de entender la RSC:
Transparencia.
La organización debe mostrar claridad y transparencia extrema en su información contable, en su relación con los medios de comunicación, con sus clientes… Evitando los ocultamientos y las conductas poco éticas.
Respeto
La actividad de la compañía debe ser respetuosa con el medio ambiente, utilizando recursos que no dañen su entorno ambiental. Tiene que ser respetuosa con los derechos humanos y debe tender a ofrecer a sus trabajadores las mejores condiciones laborales.
Compromiso
Es vital que la empresa esté comprometida con la sociedad, implicándose en la vida social y cultural de sus ciudadanos. Comprometida con el desarrollo sostenible y el uso inteligente, a todos los niveles, de los recursos.
§ Las empresas juegan un papel fundamental en el futuro y lo que hoy siembren serán los hijos de nuestros hijos los que lo cosechen.
§
§ Las empresas deben invertir a corto, medio, largo plazo y más allá. Ya que, como reza un mural pintado en la bahía argentina de Ushuaia, “la tierra no la heredamos de nuestros padres sino que la pedimos prestada a nuestros hijos”
Director General del Instituto de Marketing de Pymes



